Reflexión

¿Para qué sirve el miedo?

¿A qué saben las nubes? Todos tienen una respuesta única, una teoría mejor dicho porque no creo que las hayan probado. Existen muchas preguntas con diversas respuestas y a veces, en mis momentos de ‘lucidez’ me sorprendo preguntándome cosas como ¿Para qué sirve el miedo? Y para responder a esto creo que lo primero es conocer lo que es el miedo. Según la Real Academia Española existen dos acepciones de miedo.

  1. Angustia por un riesgo o daño real o imaginario.
  2. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Miedo.png

Entonces ¿Para que sirve el miedo? Lo que hice fue preguntar a otras personas con la finalidad de comparar las respuestas, tanto entre si como con mi propia idea. Estas son algunas de las respuestas que me dieron.

  • Depende de si es darlo o sentirlo. Casi siempre es un mecanismo de defensa, tanto para alejar problemas como para detectar peligros.
  • Es algo normal que está presente en todo ser vivo consciente, su función es alertarnos de cualquier peligro, aunque pueda ser algo inofensivo es normal que la gente sienta miedo pues el cuerpo siempre reaccionará con el fin de estar a salvo.
  • El miedo es esa campana que altera tu paz. Tú mecanismo de supervivencia sabe que cuando suena, es hora de irse o de ponerse a la defensiva. Sería algo así como un trauma en un grado leve. Sientes la inquietud y la tensión, pero a diferencia del trauma el miedo se puede combatir fácilmente.
  • El miedo sirve para advertirnos de algún tipo de peligro que pueda suceder en ese lugar o momento en el que estés realizando algo que suponga un alto grado de riesgo.
  • El miedo no sirve para nada. El miedo te paraliza, el miedo no te deja avanzar, el miedo no te deja ser feliz. Sólo tienes que dejar el miedo de lado en tu vida (aunque a veces el miedo es bueno, ya que en algunos casos como películas de ‘suspense’ o ‘terror’ te produce adrenalina y en mi opinión es una sensación agradable) y seguir lo que te dice el corazón. Por ejemplo, yo desde pequeño tenía miedo a la oscuridad y no podía dormir si no tenía una luz dada. A medida que fui creciendo, aprendí a tapar esa debilidad y a sentir vergüenza por dicho miedo, ya que no era capaz de quedarme a dormir en casas ajenas. A lo que quiero llegar es que aceptar el miedo es una base de partida para gestionarlo y constituir una base de fuerza contra el.
  • El miedo permite nuestra supervivencia. Nos mantiene a salvo. Sentimos miedo cuando subimos a un edificio muy alto porque no queremos caernos. Sentimos miedo al ver la última película de terror porque no queremos un asesino tras nuestros talones. Sentimos miedo a perder a esa persona que queremos porque sin ella no seríamos los mismos. El miedo sirve para estar alerta. El miedo sirve para mantener nuestra vida habitual con su tranquilidad habitual. Porque nos gustan las rutinas y los cambios leves. Porque nos aterra no vivir. Pero el miedo también puede hacernos más grandes si nos atrevemos a ir contra él. Si subimos al edificio alto y sabemos que yendo con cuidado no sólo no nos caeremos, sino que tendremos unas vistas preciosas de toda la ciudad. Si vemos la película de miedo siendo conscientes de que es ficción y no nos pasará, puede que descubramos una cinta maravillosa. El miedo a perder a alguien… Ese ya es un miedo más difícil de superar.
  • Pienso que el miedo es un límite, pero uno que se pone cada persona por alguna razón, por alguna vivencia o situación. Los límites nos obstaculizan, a mi parecer. Nos hace débiles de alguna manera, y ser débil no sé debería exteriorizar porque al final acabas dañado. Diría que el miedo no sirve para nada, sólo para atrasar el pensamiento del ser humano, pero hay quien se lo toma también como una meta que alcanzar y superar. Así que supongo que me quedo con la segunda opción, porque a veces hay que ser positivos nosotros con nosotros mismos. Y superar los miedos siempre es satisfactorio.

Estas son algunas de las respuestas que me dieron a la misma pregunta. Tal y como las redactaron. Lo que podemos sacar en claro de todas ellas es que el miedo es un límite, que puede mantenernos dentro de nuestra zona de confort o por el contrario, hacer que nos superemos.

Para mi el miedo no tiene finalidad concreta. El miedo es algo único en cada persona. Cada individuo tiene unos miedos, algunos miedos son superficiales, pero existen miedos profundos que, al superarlos, nos damos cuenta de nuestro verdadero potencial. El otro día por ejemplo vi una película llamada 100 metros basada en hechos reales, donde se cuenta la historia de Ramón Arroyo, un hombre al que le diagnostican esclerosis múltiple y le dicen que “No va a volver a andar ni 100 metros” y por miedo a esto, a no poder volver a coger a su hijo en brazos, por miedo, se reta y consigue hacer un Ironman (3,86 km de natación, 180 km de ciclismo y 42,2 km de carrera a pie) algo que seguramente, sin este miedo a no volver a andar 100 metros, no se hubiese planteado jamás. Este es un ejemplo de tantos otros que habrá en el mundo.

En definitiva, creo que el miedo no tiene una finalidad concreta si no que se adapta y amolda a cada persona, a cada situación, a cada contexto, a cada individuo. A ti, a mi, a nosotros, a cada uno. El miedo, así como la esclerosis múltiple, afecta a cada persona de una manera distinta.

¿Qué te ha parecido esta entrada? ¿Cuales son tus miedos? ¿Te gustaría participar en futuras entradas respondiendo a preguntas como la de esta entrada o Respecto al respeto? Solo tienes que ponerte en Contacto y te tendré en cuenta para la siguiente entrada.

 

5 comentarios en “¿Para qué sirve el miedo?”

  1. Para mí, el miedo es bueno en cuanto que me avisa; a partir de ahí debo saber gestionarlo para que, por un lado, no me paralice, y, por otro lado, no tenga una respuesta desmesurada por la adrenalina generada. Hay que aceptarlo y saber administralo adecuadamente en función de la respuesta adecuada, hasta que se solucione lo que lo genera: minimizarlo con la voluntad para dejar pasar el rato, o darle cancha si la respuesta tiene que ser inmediata y contundente. Todo dentro de un control, claro está.

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  2. El único miedo que he sentido es a que le pasara algo a alguien a quien quiero y no poder hacer nada, más que miedo es una sensación de indefensión. Bueno, ese y otro más peregrino, el miedo a dejarme las llaves de casa que la última vez tuve que llamar al cerrajero y me sopló 300 euros por abrirme la puerta.

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