Experiencias personales

8.06

Hoy, comienzo de semana pensé Año nuevo, vida nueva. Después de casi dos meses, debido a una lesión, volví a jugar a rugby el sábado ya pasado. Como ví que mi tobillo resistía me propuse volver a correr, así que hoy me puse los pantalones cortos y los cascos, me até la playeras, o tenis, llamadlos como queráis, y me lancé a la calle.

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La teoría estaba clara, pie derecho delante y después el izquierdo, repetir. Inspirar y espirar, repetir. Al alcanzar el primer kilómetro la inspiración era mas trabajosa, me ahogaba. Cada paso impactaba directamente a mis piernas. La caliza dura, sin compasión, retozaba en mi amargura mas plena. La zancada del simio me hacía sentir ridículo y el sol me quemaba la nuca.

Al completar el segundo kilómetro -la mayor distancía que hacía corriendo desde casi un año- empezaba a notar ese dolor abdominal, el mayor enemigo del deporte, el flato. Advertencia que rezaba en luces de neón ‘Amigo, hasta aquí has llegado’. No me rendía, hoy era el día quería mas ‘Tres kilómetros, me queda menos de uno, vamos…’ 

De está forma llegué hasta el tercer kilómetro. El flato desapareció progresivamente y me veía mejor, tanto para llegar al cuarto, al quinto. En este punto, en el kilómetro cinco vino la decadencia. Notaba que el aire no llegaba, las piernas comenzaban a pesarme y el asfalto no daba tregua, en ese momento me daba la impresión de no avanzar y así se vió en mi teléfono 5.30 km, y por mas pasos que daba no avanzaba. En ese instante me vino a la cabeza la frase de un libro ‘Paso corto y mala leche’ por lo que baje el ritmo un poco y, me dí cuenta que no avanzaban los kilómetros en el teléfono porque le había dado pausa sin querer, así que lo reinicié de nuevo. Aún así estaba cansado, ahogado, me dolían las piernas ‘Paso corto y mala leche ¡Paso corto y mala leche!’ me repetía constantemente.

De esta forma legué al sexto kilómetro, intentando ayudarme, motivarme. Empezaba a recobrar el aliento y las piernas mejoraban, me sentía bien, conmigo, con lo que había conseguido. Respiraba mejor, aceleré el paso y, para mi sorpresa, apareció el dueño de mi gimnasio, que iba en bici, me grito ‘Correr es de cobardes’ lo que me animo un poco mas y lo que inmediatamente me hizo pensar ‘¡Qué cojones tienen los cobardes!’.

El resto de kilómetros fueron como la seda. Al final lo hice.

Ocho cero seis, ocho coma cero seis ¡8.06 km! La mayor distancia corriendo, y no a corto plazo, la mayor distancia corriendo en toda mi vida. Había conseguido llegar a mi record -6.89 km- y superarlo el primer día después de una lesión de tobillo que me tuvo inactivo durante mas o menos dos meses y, lo mas importante, después de casi un año sin conseguir superar los dos kilómetros corriendo.

Estoy satisfecho y por ese motivo, escribo esto hoy y no lo que tenía pensado.

8.06.

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