Amor, Historias de amor, Lírica, Reflexión

Hay Carnavales

Hay amores que nacen por carnavales, que se nutren en seis cuerdas, acariciadas por las manos que reclaman. Son amores puros, indómitos, febriles. Amores de febrero, sempiternos tras las máscaras y antifaces arlequinos, como el recuerdo al llegar marzo, como el recuerdo de lo que fue otro año más. Amores de febrero, fugaces a ojos ajenos, volátiles como el sabor a libertad, como la ambigüedad de febrero, como nosotros.

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Hay amores que crecen por carnavales, que se sustentan en seis cuerdas, acariciadas por las manos que reclaman. Hay un amor por cada cuerda; el puro, el indómito, el febril, el sempiterno, el fugaz, el volátil. Todos son uno, amor de febrero. Todos son uno, todos el nuestro. Carnaval maldito, carnaval bendito, me das y luego me quitas, me enciendes para apagarme, me insuflas vida para enterrarme, te odio y te necesito.

Hay amores que mueren por carnavales, que se deshacen en seis cuerdas, acariciadas por las manos que reclaman. Los del sabor a libertad, volátiles que volaron. Son esos que surcaron el mar tras su besugo, que fueron Poseidón y serán espuma en la escollera de la memoria. Esos que nacieron, crecieron y murieron. Esos que se nutrieron, se sustentaron y se deshicieron en seis cuerdas.

Porque hay amores de seis cuerdas,

de carnavales malditos,

de romper la guitarra,

de romper el corazón.

Porque… Hay amores.

Y hay carnavales.

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